Caleidoscopio

Esta mañana, me he levantado haciendo un breve repaso mental de lo que ha sido mi experiencia de vida. Y siento la necesidad de compartirlo. Solo comparto un 20% de lo que he vivido y sentido, pero sé que quién se interese y lea esta breve reflexión, podrá comprender más mucho más allá de las cuatro palabras escritas.


Muchas veces en la vida he sentido que no encajaba. Poco recuerdo de mi época de estudiante y lo cierto es que no son buenos recuerdos.


Yo solo lo pensaba en saltar, escalar rocas y árboles ara admirar el horizonte, correr libre… me ocupaba inventando cualquier cosa por casa, montaba tiendas de campaña gigantes, inventaba historias y hacía pequeños libros, cogía bichos y los intentaba alimentar, pero cuando tristemente morían, les hacía la autopsia y los observaba con el microscopio intentando entender lo que había delante de mí. Cada vez que tenía la ocasión, me estiraba en el suelo en medio del campo y miraba las estrellas, observaba el infinito del universo y deseaba poder volar por él. Recuerdo que una vez me dediqué a montar un circuito eléctrico para que mis muñecas tuvieran luz y un timbre al que tocar cuando llegaban a casa, jajajaja son buenos recuerdos… mi curiosidad era infinita igual que lo fueron mis ideas una vez. Pero todo se fue desvaneciendo poco a poco.


En el colegio, suspendí todas las asignaturas a lo largo de la educación primaria, recibiendo mil y un reproches por parte de todos, siempre, pero cuando llegaba a junio, lo aprobaba todo en el examen de recuperación, sin demasiado estudio ni esfuerzo. Aún así, recibía un castigo por no haberlo hecho durante el curso. Nunca recibí una sola felicitación. No entendía bien lo que decían los profesores, sentía que todo me costaba un mundo... y lo cierto es que no me ayudaba demasiado el ambiente familiar... pero ese, es otro tema.


Recuerdo tener tanta vergüenza y sentirme tan vulnerable en clase, que casi ni respiraba cuando la profesora buscaba voluntarios para salir a la pizarra o darle una respuesta a la cuestión planteada.


Cuando un tema me gustaba y me esforzaba, mi premio era un refuerzo negativo cruel, un castigo por no hacerlo siempre bien…” porque tu puedes y no lo haces porque no te da la gana” me decían en colegio y casa. ¡Que injusto! Pensaba yo… y aún me esforzaba menos porque, total, hiciera lo que hiciera… todo estaba mal. Y así me iba hundiendo en una espiral de introversión y sentimiento de inutilidad y estupidez.


Con los compañeros no era mucho mejor. Algún insulto, risillas cuando las cosas no me salían bien y lo peor de todo… siempre era la última elección para trabajos, grupos y actividades deportivas. En los ratos de patio solía andar sola observando a unos y otros. Y cuando tenía la oportunidad de estar en un grupo, nada de lo que hacía gracia a mis compañeros, me hacía reír. No los entendía y pensaba que yo era el problema, al ser la única en no entender qué era lo que tanta gracia les hacía. Y esto sucedía al revés también (de hecho, aún me sucede alguna vez), cuando yo me lanzaba a hacer algún comentario con chispa, gracioso, nadie me entendía y terminaba riendo yo sola y sintiéndome estúpida por ello.


Mi autoestima… cada vez era más baja… creo que llegó un momento en que no podía serlo más. Me quería morir y desaparecer. Me sentía fea, tonta, una vergüenza para mi familia y para mí misma…


Suerte que un día, una amiga que aún sigue ahí, me salvó del calvario de la soledad. Ella era brillante en clase, pero compartía conmigo muchas vivencias personales, muchos sentimientos de exclusión. Puedo decir hoy que, en parte, era yo misma quien se excluía del grupo por los miedos al rechazo, por el sentimiento de inferioridad que había crecido en mí. Y sí, lo sé, pensaréis que la culpa sigue residiendo en mí y así es. Aún me queda por delante mucho trabajo personal que hacer.


Cuando terminé la educación obligatoria, escogí hacer FP. Me dijeron las religiosas del colegio que era para quienes no servían para estudiar (que en el caso era yo misma) pero quería tener una titulación que me permitiera tener un trabajo. Las cosas empezaron a mejorar. Sin esfuerzo ninguno, mis notas se transformaron, establecí “amistad” con un pequeño grupo que lo cierto es que me llevarían por derroteros de la vida que no hace falta mencionar. Aún así, seguía recibiendo muestras de desconfianza en mis posibilidades por mi falta de esfuerzo y estudio, por el estilo de vida que estaba escogiendo, pero con orgullo sabía y demostraba cada trimestre, que mis notas eran notables a pesar de no estudiar y solo presentar mis tareas escolares.


Con el tiempo dejé de estudiar, empecé a trabajar y las religiosas para quienes trabajé durante diez años de mi vida y una gran compañera que me cuidó y apoyó como solo lo hace una madre, me ayudaron a entender que yo podía con todo lo que me propusiera, fuera sacar a delante mis responsabilidades personales o mi trabajo, del cual sabía del cierto se sentían mil por cien satisfechas y orgullosas. Gracias a ello retomé mis estudios universitarios, compaginando éstos con mi trabajo y mi mayor y deseada responsabilidad en aquellos momentos, mi pequeño retoño.


Con el tiempo y un gran trabajo personal, conseguí mis objetivos profesionales, una carrera universitaria, un buen conjunto de másteres y ya me estoy planteando doctorarme. Atrás quedaron lo sentimientos de inutilidad, las frases crueles que se adueñaban de mí constantemente… sé que aún me queda mucho trabajo por hacer… son muchos los daños personales que siguen haciendo mella, pero lo cierto es que sé que puedo salir adelante.

Porque lo hice sola durante mucho tiempo y sigo haciéndolo con el apoyo de mi familia. La familia que yo misma he elegido y de la que me siento muy orgullosa.


Mis hijos son como un reflejo de lo que yo fui una vez y este es un motivo mayor para luchar y entenderme, porque este conocimiento me acerca aún más a ellos y a sus necesidades personales. Hoy sé que encajo en algún lugar, que no soy un bicho raro, que igual que mis hijos, tengo una forma de ver y entender el mundo que me rodea, de una forma distinta y sé que eso es bueno.


MPB

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©2020 by Psicologia Montserrat Pinillos